EVANGELIO DEL DÍA LUNES 30 DE MAYO DEL 2016

                   Lucas 12, 1-12: “En aquel tiempo, se habían reunido miles y miles de personas, hasta el punto de que se aplastaban unos a otros. Entonces Jesús se puso a decir, especialmente para sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Nada hay tan oculto que no haya de ser descubierto o tan escondido que no haya de ser conocido. Por el contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la luz del día, y lo que hayan dicho al oído en las habitaciones será proclamado desde las azoteas. Yo les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Yo les voy a mostrar a quién deben temer: teman a Aquel que, después de quitarle a uno la vida, tiene poder para echarlo al infierno. Créanme que es a ése a quien deben temer. ¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues bien, delante de Dios ninguno de ellos ha sido olvidado. Incluso los cabellos de ustedes están contados. No teman, pues ustedes valen más que un sinnúmero de pajarillos. Yo les digo: Si uno se pone de mi parte delante de los hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte delante de los ángeles de Dios;  pero el que me niegue delante de los hombres, será también negado él delante de los ángeles de Dios. Para el que critique al Hijo del Hombre habrá perdón, pero no habrá perdón para el que calumnie al Espíritu Santo. Cuando los lleven ante las sinagogas, los jueces y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir; llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que decir.»

 

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 

En su tercer día, en Jerusalén, luego que expulsó a los vendedores del Templo, Jesús es cuestionado por los jefes religiosos de Israel, entonces les dirige una parábola, la cual es presentada por Lucas, en el capítulo 12, versículos del 1 al 12.

Jesús se dirige a los sacerdotes y a los ancianos, propietarios latifundistas de Jerusalén, que conformaban el sanedrín. La parábola es una imagen común de la sociedad, conlleva una relación de poder entre propietarios y labradores. Un hombre plantó una viña, se la arrendó a unos viñadores y luego se fue de viaje. Después de un tiempo, cuando llego la cosecha, envió a sus siervos para recibir la parte que le correspondía, pero los viñadores no quisieron entregar las ganancias, a algunos los maltrataron y a otros los mataron.

Entonces el dueño de la viña, envió a su propio hijo, pensando que lo respetarían. Pero ellos decidieron matar al heredero, para quedarse con la herencia. ¿Qué hará el dueño de la viña con estos labradores? ¿Vendrá y los destruirá, y luego dará la viña a otros viñadores que produzca frutos?. Oyendo esta parábola, los jefes religiosos decidieron tomar preso a Jesús, percibiendo que la parábola se refería a ellos.

La parábola se desarrolla a partir de la imagen de un conflicto social entre un latifundista y los agricultores. Es, tan clara para los jefes religiosos, que eran propietarios de tierras, que por eso se sienten aludidos.

Los agricultores violentos son estos jefes religiosos, que oprimen y explotan al pueblo y tratan de eliminar a quien busca la liberación del pueblo. Ellos deberían conducir al pueblo para ayudarlos a dar frutos de justicia y promover el derecho de todos, sin embargo, no cumplen con sus deberes.

Cuando Jesús viene a recoger los frutos de la viña, que es el Reino de Dios y de su padre, ellos organizan todo para matarlo y así no darle cuentas a Dios. Ellos entienden claramente que Jesús se refería a ellos cuando hablaba, por eso se irritaron y buscaban la manera de tomar preso a Jesús, y maquinaban como matarlo.

Sin embargo, Jesús, no les tenía miedo, continúa su ministerio liberador entre el pueblo que lo buscaba y le seguía. La sentencia final significa una advertencia: El Reino de Dios será arrebatado a estos dirigentes de Israel y entregado a los gentiles, para que produzcan frutos.

El Reino de Dios está presente en todos los pueblos, en todos aquellos que son verdaderos, justos y honrados. . Pidámosle a Dios para  que la presencia del Dios del amor sea para todos nosotros, fuente de alegría e impulso para el servicio al prójimo. Amen.